TE QUIERO COMO ERES
N
encontrar su belleza externa, y hasta qué punto
su alrededor la transforma? Todo esto lo
descubrí un día...
Laura [Para sí] —Un día a eso de las 11:30 a.m., me
senté a respirar, a meditar un poco y a olvidar la rutina
de mi vida singular, no me quejo, pues mi casa es una
normal, tiene todas las paredes pintadas de blanco, el
jardín está a mi gusto, y en mi cama habita un doble
calor, el mío y el de mi esposo Ricardo, él siempre me
ha ayudado. No sé por qué, pero desde hace unos días
siento que algo se ha apoderado de mí para hacerme
dudar de su amor. No dije nada, me encerré en el cuarto,
a media luz, y comencé a desvestirme, mi cuerpo se veía
como una protuberancia, me paré frente al espejo y sólo
pude llorar. Al día siguiente, aquella mujer que era yo,
había cambiado.
Laura —¿Cómo te fue hoy en el trabajo, mi amor?
Ricardo —Como siempre, Laura, ¿Qué hiciste de
comer?
Laura [Para sí] —Ricardo no me preguntó por mí,
él sólo tenía hambre. Así que no le dije nada y le serví la
comida.
Ricardo
sirvió la comida. Parecía molesta, yo estaba cansado, y
no le dije nada, eso sí, le lancé mi mejor sonrisa.
Laura [Para sí] —Entonces Ricardo me lanzó la más
bella sonrisa, la misma sonrisa que me sonrojaba,
aproveché el momento y le pregunté: Ricardo, ¿Me veo
gorda?
Ricardo [Para sí] —Laura siempre aprovechaba mis
sonrisas para preguntarme cosas sobre las que conocía
la respuesta, así que respiré hondo y le contesté con otra
pregunta: ¿Otra vez la misma pregunta?
Laura —Ricardo yo pienso que tú estás conmigo
por lástima.
Ricardo [Para sí] —Laura siempre acostumbraba,
por lo menos una vez a la semana, entrar al mismo
detalle, volví a respirar y le dije: Laura si tú quieres
rebajar tienes que utilizar tu fuerza de voluntad, de otra
manera esta discusión no tiene ninguna importancia.
Laura —Ricardo hoy me noté las piernas más
hinchadas que nunca, la gordura me está matando.
Ricardo —Yo no te quiero ver deprimida, yo quiero
volver a ver tu sonrisa. ¿Por qué no vamos a un doctor
para que te evalúe?
Laura —Ricardo los doctores siempre me dicen lo
mismo, haz ejercicio, elimina las calorías, yo necesito
un milagro, un acto de magia o de fe, a cada instante
sueño con abrir mis ojos y despertar de esta pesadilla.
Ricardo, dime que no estoy gorda, dime que todo esto
es un cuento, una mentira.
Ricardo —Laura despierta a la realidad, si tú no te quieres ayudar, yo no puedo hacer nada por ti, tú tienes que poner de tu parte. Laura —Yo sí voy a poner de mi parte, ya verás. Voy a comprar la máquina nueva que salió para hacer ejercicios, y me voy a comprar también unas pastillas que están anunciando para rebajar. Ya verás Ricardo, te digo que no voy a necesitar de ningún doctor, porque yo voy a rebajar por mi propia cuenta, y rápido. Ricardo —Mi vida, en la marquesina hay como cinco máquinas de esas, y, ¿Ahora vas a comprar otra? Tú las usas por unas cuantas semanas y luego dices que no sirven. Con las pastillas es lo mismo, ¿Cuántos potes de pastillas has comprado y luego dejas el frasco a mitad, porque según tú no hacen nada o porque te caen mal? Laura —Ricky, en mi interior creo que yo nunca podré rebajar, mi interior me dice que esto es un castigo de mi organismo para estropear mi alma. Ricardo —En este camino no vas a andar sola, yo lo voy a recorrer contigo hasta el final. Lo que te digo es que yo no quiero que te vayas a enfermar. Laura —Bueno, yo hoy no voy a comer. Voy a empezar a hacer dieta desde hoy. Ricardo
la había escuchado hablar con tanta seguridad. Esta vez
yo sentí que las cosas serían diferentes. Cuando yo me
enamoré de Laura ella ya estaba gordita. Por eso en las
noches cuando rezo le pido a Dios porque ella cambie y
que aunque sea por un momento Laura pueda verse
desde mis ojos.
Laura
seguridad que intimidaba. Comencé a hablar sola, como
en mis días de juventud, aquellos días en los que soñaba
con ser una reina de belleza como esas de la televisión,
con los ojos azules, el pelo como el sol, y el cuerpo de
astilla. Me dije a mí misma: Ricky, yo sé que tú me
quieres así, pero el espejo me engaña, me habla y me
dice que esa imagen que yo veo no es la misma que
conocen tus ojos. Lloré, y de alguna manera que no
recuerdo quebré aquel horrible espejo, aquella horrible
imagen.
Ricardo [Para sí] —Estaba sentado comiendo
inconscientemente, porque mi mente no estaba sentada
en aquella mesa. Yo estaba hablando conmigo mismo,
le pregunté a mi razón: ¿Por qué cuando Laura se ve en
el espejo, no mira su pelo, el dorado de su piel, su
sonrisa, y sobre todo su alma?
Laura [Para sí] —Si todo el mundo fuese como
Ricardo, yo no estaría aquí.
Narrador —Pasó una semana, todo había cambiado
Tocan a la puerta, Laura abre.
Laura —Diana, hace tanto tiempo que no nos
veíamos, ¿Cómo estás?
Diana —Laura, ¿Cuántas libras has rebajado?
Laura [Para sí] —Diana se veía impresionada, era
como si me admirara, yo actué, como en mis tiempos
de juventud, cuando soñaba con actuar como esas
mujeres blancas, rubias, de ojos color cielo y rizos color
sol. Continué con la charla, [A Diana] pues mira Diana
he rebajado 18 libras, pero mi meta es rebajar 75 libras
más. ¿Sabes Diana?, yo me propuse rebajar el día después de tú haber venido. Diana
aquellos ojos estaban perdidos, yo no le dije nada. [A
Laura] Laura, ¿Yo te dije algo? Laura tú sabes que a veces
las personas decimos cosas o hacemos algún gesto sin
ninguna malicia, pero éstos pueden ser tomados a mal.
Laura, te ves hermosa, como una flor recién nacida, pero
para mí tú siempre serás simplemente Laura, mi amiga
y confidente.
Laura —Diana, no pienses que yo me fijé en ti, yo
me fijé en mí.
Diana —¿ Hace cuánto te sentías incómoda con tu
figura?
Laura —Hace mucho más de lo que tú imaginas.
Diana —Eres una gran actriz, porque nunca lo noté.
Laura [Para sí] —Ahora también me consideraban
actriz
Diana—Laura, y, ¿Qué tú vas a hacer con la ropa
que usabas antes?
Laura —Botarla o regalarla, porque ya no me sirve.
Diana —Ésta será una nueva vida para ti.
Laura —Pero si yo no he rebajado tanto, sólo unas
tallas.
Diana —No menosprecies este logro, Laura. Tú
sigue la dieta y no la dejes por nada, ya sabes que
cualquier cosa me llamas, nos vemos, ya me tengo que
ir. [Para sí] Por primera vez sentí grandes deseos de irme
de la casa
Laura [Para sí] —Sentí diferente a Diana, la llevé
camino a la puerta, y le sonreí. [A Diana] Adiós, Diana.
Narrador —Pasaron los días y Laura seguía
aferrada a su dieta, pero al mirarse al espejo veía un
cuerpo deforme. En el día no comía y sentía unos leves
mareos, pero a esto nunca le puso la menor importancia.
Suena el teléfono. Laura —Buenas tardes. Rocío —Hola Laura, te habla Rocío, hace tiempo que no nos comunicábamos, y decidí llamarte. Laura —Hola Rocío, ¡Qué lindo oír tu voz!, ¿Cómo te va? Rocío —Como siempre. Laura, háblame de ti. Laura —Bueno yo estoy a dieta, Diana vino hace unas semanas y me juró que me veía diferente, se veía tan asombrada, y Ricardo se ve incluso un poco asustado, pero yo sé que lo que hacen y dicen es por amor, si tú vienes y me ves notarás que no soy nada más que la gordita graciosa de siempre. Recio —Y, ¿Qué dieta estás haciendo Laura? Laura —La única que funciona, no comer. Rocío —Laura, ve a un doctor. Laura —Sí, luego, ahora no tengo deseos de ir a ningún lugar. Rocío —¿Estás deprimida? Laura —No, lo que pasa es que ya dejó de divertirme ser la payasa del circo y el centro de atracción al que todos señalan. Rocío —Todos te quieren como eres.
ENTRA A NUESTRO WEB SITE Y CONCLUYE DE LEER ESTA HISTORIA. ESCUCHA TU VOZ INTERIOR DÍA A DÍA
